La Ley General de Sociedades regula diversas modalidades de reorganización empresarial orientadas a
optimizar estructuras corporativas, aislar riesgos o redefinir líneas de negocio. Entre ellas, la
reorganización simple y la escisión presentan similitudes técnicas, pero responden a finalidades y efectos
jurídicos distintos. La elección adecuada entre ambas resulta clave para evitar contingencias legales y
lograr los objetivos estratégicos de la operación.
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